lunes, 13 de mayo de 2013

Cómo vivir con 24 horas al día,

de Arnold Bennett, es un libro demasiado corto pero muy estimulante, lleno de ironía y de reflexiones muy ciertas. Me quedo de él con dos ideas, actuales pese a que el libro debe tener casi un siglo.

La primera, en relación al pequeño ensayo llamado 'Apuntes sobre el Éxito', que está al inicio del libro. No todo el mundo puede tener éxito, por más que haya unos cuantos por ahí que se lucran a base de libros, cursos, etc, que nos venden al resto de los mortales diciéndonos que es posible tener éxito. Que cualquiera puede tenerlo. Pero va a ser que no. Que la mayoría de la gente normal no va a alcanzar nunca el éxito, y a veces, es que ni tiene ganas de ello. Pero hay que leer cómo lo cuenta Bennett.

La segunda idea, reflejada en el resto del libro, es un tratado sobre el tiempo. El tiempo es el mismo para todos. Nunca tendremos más tiempo. Tenemos, siempre hemos tenido, todo el tiempo que hay. Veinticuatro horas cada día. Por eso mismo, porque no hay posibilidad de tener más, se trata de no dejar que el tiempo corra y pasar la vida sin más ni más, entre el trabajo y el descanso y sin hacer nada después de trabajar. Bennett propone una forma de cultivarse uno mismo, de aprender sobre temas que uno desea, profundizar en aquello por lo que se sienta interés. Su consejo es aprovechar las horas o minutos que pasan entre la ida y la vuelta del trabajo, y luego tres tardes a la semana (una hora y media cada tarde), después del trabajo, aprendiendo sobre cosas que nos despierten la curiosidad intelectual (pero que no necesariamente han de ser intelectuales; puede ser aprender a cocinar, a pintar o a cambiar las bujías de un coche).

Por ahora me ha convencido para probar su método, con varios intereses que tengo actualmente.

Es un libro muy recomendable, por lo bien escrito que está, la ironía que destila, y la información útil que presenta.

domingo, 12 de mayo de 2013

Hechos a mano

En esta última semana he visto varias cosas hechas a mano que me han gustado mucho.


Las galletas de jengibre que horneamos, con receta de Martha Stewart. Me apetecía unas con forma de puzle, aunque Botón de Oro quiso hacer también de corazón, y Mostaza las de muñeco. Luego le puso nombre a dos de ellas.


Botón de Oro hizo unos hombrecillos que luego sirvieron como entrada para su función de circo.


Un par de días antes ya había dibujado a toooodas sus amigas imaginarias en estas dos páginas: Claudia, Laura, Emma, Silvia, Clem...


A la hija de 14 años de un conocido le encargué este trovador. Con estas figuritas está consiguiendo dinero para pagarse un viaje. Me encanta el detalle del pergamino enrollado en su bolsa.


Veza está fabricándose un rabel en un taller de instrumentos. Este futuro león, que comenzó a tallar ayer, formará parte del mástil.


Upe llevaba cuatro meses dedicada al ganchillo. Concretamente estaba haciendo cuadraditos con los que ha elaborado esta preciosa manta para su hija. Ahora está haciendo una similar para su sobrina. Me parece un claro ejemplo de paciencia y constancia, además de habilidad manual.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Niños sin escolarizar

¿Será verdad lo que leo en la primera página de El despertar de la señorita Prim?

En aquella comunidad [se refiere a San Ireneo de Arnois, lugar imaginario donde se desarrolla la historia] eran las familias, cada una en función de su perfil, su ambición y sus posibilidades, las encargadas de formar intelectualmente a sus hijos. La escuela era vista como un elemento subsidiario -indeseable, pero necesario- en el que se apoyaban buena parte de los padres de familia. Buena parte, pero no todos.

Pues parece que sí, que habla de niños no escolarizados ("Un grupo de niños posiblemente medio salvajes y sin escolarizar"), que visitan la Galería Tretriakov, en Moscú, para estudiar arte. Una de las niñas, de ocho años, queda tan impresionada por el icono de Rublev que se dedica a dibujarlo de memoria en todas partes.


Asombrada me he quedado de ver este tema tratado en un libro español. A ver cómo sigue la historia, pero pinta bien desde el principio.

Atraída por un sugestivo anuncio en el periódico, Prudencia Prim llega a San Ireneo de Arnois, un pequeño lugar lleno de encanto cuyos habitantes han decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno. La señorita Prim ha sido contratada para organizar la biblioteca del Hombre del Sillón, un hombre inteligente, profundo y cultivado, pero sin pizca de delicadeza. Pese a las frecuentes batallas dialécticas con su jefe, poco a poco la bibliotecaria irá descubriendo el peculiar estilo de vida del lugar y los secretos de sus nada convencionales habitantes.

El libro lo ha escrito Natalia Sanmartín Fenollera.

lunes, 6 de mayo de 2013

Pequeño cuento de hadas


En casa nos dividimos en dos bandos. Botón de Oro y su padre son de los que se inventan historias, la primera por placer y juego, y el segundo por trabajo. El otro bando es el de Mostaza y mío, a los que nos gusta leer las historias o verlas en una pantalla, pero no inventarlas. Aunque esta no es una regla inmutable, y de vez en cuando surge una historia entre dos, basada en el cuento de La bella durmiente del bosque. La inventamos una tarde de primavera, de camino al 'bosque'.

Cuando los padres de la princesa invitaron a las hadas al bautizo de su hija, vieron que solo tenían doce cubiertos y las hadas eran trece. Dejaron fuera a una.

Las doce hadas fueron dando tres dones a la princesa, que se repetían una y otra vez: belleza, inteligencia y obediencia.

El castigo del hada número trece por no haberla invitado fue cambiar este último don por el de la capacidad de crítica, para que la princesa supiese discernir por sí misma lo bueno de lo malo, actuando en consecuencia.

jueves, 2 de mayo de 2013

De abril a mayo

Último día de abril...


... y llega mayo

¡En la buena compañía de la flor de las judías, los trinos del mirlo, y mayo, y junio! 
(De Gustibus, Robert Browning)